Hace ya un tiempo me fijé en un chico de mi barrio que solía ver por la calle... sin más. Era un chico que no destacaba por nada, alto, moreno, pero me fijé porque me resultó atrayente... magnético... no sé... a lo mejor es que hay algo, tiene un no se qué... me gusta mirarlo, me da paz.

El caso es que me fijé en él y lo seguía viendo, por aquí, por allá.... pasó un tiempo, un año, no sé... también lo veía en el bar de abajo, un bonito bar de copas que siempre frecuentamos los mismos, un bar de barrio, nada especial, pero íntimo, a lo mejor porque es mi bar, porque voy mucho, porque conozco a la gente. 

Así no sé porqué un día él se fijó en mí. No hubo ninguna razón especial, al menos que yo sepa. Pero era de esas veces en que los chicos se te quedan mirando muy fijamente, muy imprudentemente, que sabes sin duda que te están mirando a tí, porque no hay distancia entre los dos, porque estáis frente a frente... 

Bueno, me dije, no sé, sí a lo mejor es que le sueno del barrio, claro... es lógico y hoy ha caído que existo, podría ser.

A la semana me lo encuentro en el autobús... pensé "mira el chico ese". El chico ese, sí, no le llamo de otra manera. En el fondo es un desconocido. No sé su nombre. No sé dónde vive, no sé que vida tiene. No pienso en otros términos... no hay nada que pensar... y ya que estaba en el autobús al menos me recrearé con esa visión.... 

No pude... el chico se fijo en mí otra vez, se fijó en que yo también iba en el autobús, se fijo en que le miraba... no bajé la vista, pero tampoco seguí mirándole.... simplemente aparté un poco la mirada, un poco más hacia la ventana. Pasábamos por una plaza muy transitada. Claro, eran las seis de la tarde, la gente sale a comprar o hacer recados o lo que sea. 

Al día siguiente ahí estaba, en el mismo autobús, ya es casualidad, hay muchos autobuses que van por esta ruta. Claro que me quedé mirándolo, dispuesta a disfrutar y a recrearme en él... Pero se sentó en un asiento en sentido contrario de la marcha y nuestras miradas se cruzaron. Que momento más íntimo! Ya podía estar el autobús completo, incluso algunos de pie, que ahí estábamos, otro segundo, otro instante, juntos... su mirada me decía algo.. no sé si era resignación... resignación de verme y no hablarme? No creo... serían cosas suyas.. no sé. 

Esa penetración tan intensa de su mirada me halagó... si ya me había fijado en él ahora es que no lo podía olvidar. No me lo quitaba de la cabeza. No me lo quitaba de la cabeza. Ese chico... 

Y yo ya sé como soy. Chico que me mola, fantasía que me monto por la noche. Era algo raro... cómo me lo iba a montar con un chico que no conozco de nada? Cómo iba a imaginarme algo con un chico que a lo mejor era un cabrón o vete a saber qué? Pero no me podía resistir. Es pura atracción. Sí, yo sé... no era más que atracción física. Él se fijó en mí y sería por alguna razón. Algo bueno. No podía ser por nada malo... tenía que ser por algo positivo... físicamente no estoy mal pero no como una sílfide.... soy mona, pero no llego a miss. Atracción, sin más, porque me halaga que me mire.

Y llegó la noche de ese día... no podía esperar más, pero para hacerlo bien hay que hacerlo con tiempo y nocturnidad.

Cojo mi querida almohada y empiezo a moverme sobre ella.... imagino que nos vemos, que estamos en ese bar un viernes. saliendo de fiesta y que nos cruzamos, encontronazo, nos chocamos por la gente que hay, "ay, perdona, perdona"... él va a la barra y a la vuelta me hago la tonta y me choco con él otra vez aposta "perdón". El deja su vaso y sin decir nada me lleva al baño. Ahí nos ponemos al tema. Yo me subo al lavabo, él se acerca a mí. Yo separo mis piernas y me arrimo. "No querías chocarte conmigo?" "Querías chocar conmigo?" "Ahora vas a chocar!" Y me caliento y me mojo y me subo y me subo. Y me corro, y noto como él se aprieta conmigo, cómo nos vamos juntos, cómo nos corremos juntos, cómo nos quedamos relajados por fin, ahora que ya no hay nada que perdonar, ahora sólo sentimos, sentimos la consumación de la atracción, sentimos lo que queríamos hacer hace mucho. 

Me separo de mi almohada y me duermo tranquilamente, relajada, con una sonrisa pícara iluminando mi cara.