"Gorda de mierda" le espetó en los pasillos del colegio. Y la dejó llorando. No quería habérselo dicho. Era su amor. Desde el día en que se acariciaron en el baño de chicas. Pero aquello fue una encerrona. Ante todo había que ocultar los sentimientos. La gente no entiende. Le pidió perdón con su mirada penetrante. Rogaba. Recordó todo lo que habían pasado juntas. Por respuesta una mirada fría, hueca, inmóvil. Evidentemente estaba dolida. Otra vez... ¿La última? No. Sí. Un dolor infinito se clavó en su corazón; antes de Navidad habían convenido contarlo en casa.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados